10 sept. 2009

Por qué lloran los cocodrilos | Cuenta Tus Cuentos

(creapg.altervista.org)
Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, cuando la creación aún no había finalizado y las hadas y los dioses poblaban todavía la Tierra, la Ninfa de las Aguas perdió su anillo favorito, que se deslizó desde su dedo hasta las profundidades de una oscura laguna.
Por más que buscó y buscó su anillo, no lo encontraba, así que llamó en su ayuda a todos los habitantes del río. Todos se afanaron sin éxito en la búsqueda y ya daba por perdida la empresa, cuando se presentó ante ella un diminuto animal. Se llamaba dril, y era el pez más pequeño de todos los que poblaban las aguas de los ríos. Los drils eran animales muy sociables. Se reunían en grandes grupos y pasaban el día jugando y retozando con sus parejas. Como eran la principal fuente de alimento de la mayoría de las crías de los peces grandes, cada año nacían muchísimos bebés dril que jugaban protegidos en el centro del gran banco.
Haciendo una reverencia a la ninfa, el pez solicitó su permiso para intentar buscar el anillo. A ésta le hizo gracia el ofrecimiento del pequeño pez y aceptó el ofrecimiento sin muchas esperanzas.
El dril convocó al resto de la colonia y juntos bajaron hasta el fondo de la laguna, inspeccionando palmo a palmo el fondo. Así fue como uno de ellos descubrió el anillo, que había caído en un agujero dentro de una piedra. Pasando su cuerpecito por el aro, el pececillo se ensartó en él y lo subió hasta la superficie.
La Ninfa de las Aguas no cabía en sí de alegría cuando vio al pececillo subir con su preciada joya. En muestra de agradecimiento, le prometió que le otorgaría tres deseos.
- Un deseo es a menudo un arma de doble filo y es mejor que reflexiones bien antes de pedirlo - le aconsejó.
(www.comitatoparchi.it)
Tras pensárselo un poco, el diminuto pez le dijo:
- Ninfa de las Aguas: somos muy felices en nuestra colonia. Siempre estamos jugando y haciendo bromas, pero somos las más pequeñas criaturas de tu creación y todos se alimentan de nosotros. No tenemos reposo ni de día ni de noche, porque siempre tenemos miedo de que nos coman. Así que me gustaría que me convirtieras en un animal fuerte y con grandes dientes para defenderme.
- Tu especie es muy importante para las crías del Reino de las Aguas.- concedió la ninfa - Pero busca una pareja y con los dos crearé una nueva raza a la que ningún habitante de las aguas pueda devorar.
El dril se zambulló contento en busca de su pareja favorita y pronto regresó junto a la ninfa. Invocando los poderes de los que disponía, la ninfa convirtió a los pequeños pececillos en unos formidables animales de cinco metros, con grandes dientes y una cola enorme.
- ¿Has pensado ya tu segundo deseo? - pregunto la ninfa.
- Todavía no. Si nos lo permites, vamos a gozar de nuestra nueva apariencia y te llamaremos cuando hayamos reflexionado.
La ninfa se retiró y los dos nuevos animales comenzaron su nueva vida. Desde entonces, ningún pez se atrevió a intentar cazarle. Pero eran tan grandes que tenían que cazar una gran cantidad de peces para alimentarse y pronto devoraron a la mayoría de los peces de la laguna. No tardaron en darse cuenta de que se quedarían sin comida antes del siguiente año.
Así que el drilo - pues así le había rebautizado la Ninfa de las Aguas - volvió a llamar a la Nnfa de la Auas y le pidió:
- Ahora quisiéramos tener patas, para poder cazar también a los animales que beben en la orilla de la laguna.
La ninfa, que estaba preocupada porque no quedaban casi peces en la laguna, se lo pensó un momento. No podía crear animales terrestres, para eso estaba la Ninfa de la Tierra. Aunque era verdad que muchos animales de tierra pescaban a los peces de sus ríos y ella nunca se había quejado. Al cabo de un rato, decidió que era justo que también un pez cazara animales de vez en cuando.
- Te concedo tu deseo. Tendrás unas pequeñas patas con las que podrás caminar por la orilla, pero nunca podrás correr ni saltar como un animal de tierra, de la misma forma que ninguno de ellos puede nadar tan bien como un pez. ¿Estás de acuerdo? - preguntó.
(www.oficinadigital)
Al drilo le pareció que con avanzar por la orilla unos pocos metros podría capturar a sus presas fácilmente y la ninfa le dotó de cuatro pequeñas patas, suficientemente fuertes como para poder soportar su peso, pero tan cortas que apenas podía correr unos pocos metros sin agotarse.
- ¿Has pensado tu último deseo? - le preguntó la ninfa al nuevo ser, al que bautizó codrilo, para distinguirlo del anterior.
- Como tú dijiste, pedir deseos es más difícil de lo que parece. - reflexionó el animal - Esta vez nos lo pensaremos mejor antes de gastar el último.
El codrilo volvió tan contento a la laguna con sus recién estrenadas patas. Durante mucho tiempo, los codrilos fueron los señores de la laguna. Ahora, además de grandes peces, se alimentaban de garzas, crías de antílopes o cebras que se acercaban a beber. La laguna, libre de la opresión del temible depredador, volvió a florecer. Poco a poco los animales fueron aprendiendo a defenderse del codrilo. Los antílopes intentaban clavarle sus afilados cuernos, las cebras le pateaban con sus pezuñas. Las garzas picoteaban su lomo con sus largos picos. Además, cada vez que el hambriento codrilo emergía en la húmeda ribera, nubes de mosquitos se cebaban en su fina piel plateada.
El codrilo pasó mucho tiempo reflexionando antes de convocar de nuevo a la Ninfa de las Aguas.
- Ha pasado mucho tiempo, codrilo. ¿Has pensado ya tu último deseo? - le saludó la ninfa.
- Sí. Quisiera tener una piel más dura. Una coraza tan fuerte como para que ningún cuerno, pezuña ni pico pueda atravesarla, pero flexible para poder nadar y moverme por el río a mis anchas. - solicitó el codrilo.
(www.yucatan.com.mx)
La ninfa volvió a cumplir su promesa con el animal. Cubrió su lomo de una coraza de gruesas escamas que se tornaba blanda y flexible en su panza, de forma que podía nadar y girar sobre sí mismo con la misma agilidad de antes.
- Bueno, ahora eres más fuerte e invulnerable. - se despidió la ninfa - Tu aspecto ha vuelto a cambiar, así que te llamaré cocodrilo, para diferenciarte de tu antecesor. Recuerda que ya no podré ofrecerte más deseos así que, a partir de ahora, tendrás que ingeniártelas tu solito para sobrevivir.

El cocodrilo se internó en la laguna de nuevo. Al poco tiempo, cazar se volvió una tarea rutinaria y sumamente fácil. Emergía súbitamente en la orilla y podía devorar a la pieza que le apeteciera apenas sentía la punzada del hambre. Seguía siendo un formidable nadador y en la laguna ningún pez era rival para él. Sin nadie que los atacase, los cocodrilos no tenían otra cosa que hacer en todo el día y se pasaban el día tirados al sol en la ribera del río o dejándose mecer perezosamente por las corrientes. El aburrimiento les volvió cada vez más cascarrabias. Se convirtieron en seres gruñones a los que molestaba cualquier cosa que perturbara sus interminables siestas. Como peleaban a menudo entre ellos y siempre estaban de mal humor, fueron dejando de lado sus juegos amorosos. La hembra se mudó a un extremo de la laguna y las visitas de su compañero eran cada vez menos frecuentes.

El cocodrilo es, desde entonces, el rey indiscutible de la laguna. Eso sí, un rey malhumorado y aburrido, rechazado por sus congéneres y temido por sus vecinos. El más temible, pero también el más solitario de todos los animales de la creación. Por eso el cocodrilo llora cuando come. Llora recordando cuando vivía en grandes bancos con miles de amigos alegres y bulliciosos, dedicando el día entero a la diversión y a los juegos amorosos. Llora porque sabe que el precio de comerse a esa presa ha sido su propia felicidad.
(www.ferjus.bizland.com)

8 sept. 2009

33 abuelas. Luis Cauqui y Sergio Bleda

Cada año, 33 abuelas emprenden un viaje. Casi cada una viene de un lugar distinto, en un medio de transporte distinto. Las hay aventureras, ricachonas, hippies, solitarias, dicharacheras, exóticas... pero todas tienen algún rasgo distintivo de "las abuelas". En el día y la hora acordados se encuentran todas para visitar a una de las personas más afortunadas del mundo.
33 abuelas es una historia divertida, absurda, original... como cada una de las abuelas. Mientras sonríes, no dejas de preguntarte: ¿para qué habrán quedado estas señoras?
Me gustan mucho las ilustraciones de Sergio Bleda. Siguen a la perfección el tono del cuento y le aportan un punto de locura adicional.
Quizá esté demasiado marcada la separación entre texto e imagen, hay como un hachazo en todas las páginas, pero quizá la cantidad de texto no permita muchas virguerías al respecto.


3 sept. 2009

Cuentos Infantiles

Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos

Cuentos Infantiles | Cuenta Tus Cuentos

 id=Hubo una vez en un lugar una época de muchísima sequía y hambre para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entregó un saco con varias ramitas."Son mágicas, y serán aún más mágicas si sabes usarlas" El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.

Al volver a casa, encontró una ovejita muy viejita y pobre que casi no podía caminar."Dame algo, por favor", le dijo. El conejito no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargó, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dió a la oveja. Al instante, la rama brilló con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que él. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa sólo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus papás, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llegó su hermanito pequeño, llorando por el hambre, y también se la dió a él.

En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y preguntó al conejito ¿Dónde están las ramitas mágicas que te entregué? ¿qué es lo que has hecho con ellas? El conejito se asustó y comenzó a excusarse, pero el mago le cortó diciendo ¿No te dije que si las usabas bien serían más mágicas?. ¡Pues sal fuera y mira lo que has hecho!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!!
Y el conejito se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad hubiera devuelto la alegría a todos

30 ago. 2009

El sombrero mágico


Había una vez una niña que había nacido en un hogar muy pobre. Su padre, campesino, había muerto hacía unos años y su madre por más que trabajaba, día y noche sin descanso, a veces no podía dar a sus hijos lo mínimo indispensable.

Desde pequeña, Maria quería tocar el violín. Soñaba con tocar en grandes orquestas y ser famosa.

Este sueño parecía imposible de alcanzar, pero María no se daba por vencida. Todos los días caminaba dos horas hasta el pueblo para ver a Don Mario, un anciano coleccionista de antigüedades que le prestaba su viejo violín para que aprendiese a tocarlo.

No había lluvia, frío o calor que detuviese a la joven y sus ganas de practicar el violín. Todas las tardes –puntualmente- se presentaba en el negocio de Don Mario a recibir feliz las clases que éste le daba.

Fue así que aprendió a tocar muy bien el instrumento. Don Mario, quien se había encariñado mucho con la joven, un día le dijo:

– Este violín es más tuyo que mío ahora, ya no me pertenece. Sólo en tus manos cobra vida, te lo regalo.
Era tanta la emoción que María sentía. que el violín temblaba en sus manos y no pudo decir nada. El anciano continúo:
– He visto tu esfuerzo desde pequeña y tu gran sacrificio por lograr tu sueño. Esta es mi humilde ayuda para que puedas lograrlo.

María agradeció a su amigo tan generoso regalo y corrió a su hogar a contarle a su madre. Mientras corría pensó que, teniendo ya su propio violín, podía tocar en las calles del pueblo a cambio de algunas monedas. De esa forma podría ayudar a su familia.

Su madre se alegró mucho cuando María le mostró su violín, que si bien viejo, era nuevo en su hogar ahora.
– Hija querida – dijo su madre un poco triste – ya quisiera yo que no tuvieras que hacer esto, pero es tanta la necesidad que hay en este hogar, que mucho agradezco tu ayuda. Te daré un sombrero mío, el único que he tenido en la vida y que me lo regaló una buena señora, tal vez te traiga suerte y con él puedas juntar muchas monedas.
Luego agrego:
– Siempre te ayudaré hija, de la manera que pueda, siempre estaré contigo, no lo olvides. Te amo con todo mi corazón y créeme, de un modo u otro, siempre estaré presente para ti.

La muchacha iba todos los días al pueblo con su violín y el sombrero de su madre. Era un sombrero muy bonito que tenía unas flores de colores y plumas como adorno. Curiosamente, la plumas siempre estaban limpias y el tiempo no las había deteriorado.

No era demasiado el dinero que María juntaba tocando el violín, pero por poco que fuese, era muy bienvenido en su humilde hogar.

Pasó el tiempo y su madre enfermó y murió tomando las manos de su hija y repitiendo las palabras que antes le dijera :“de un modo u otro, siempre estaré contigo”.

Siendo ahora el sostén del hogar, la niña redobló sus esfuerzos para mantener a su familia y decidió visitar pueblos vecinos y así juntar más dinero.

Un día de tormenta, el sombrero voló de las manos de María y desapareció. Desesperada, lo buscó por todo el pueblo, pero su búsqueda fue inútil.

Desconsolada, se sentó a llorar en el camino. Así pasó la tarde, abrazado a su violín, hasta que una señora que por allí pasaba se detuvo frente a ella.
– Pareces realmente muy triste niña ¿qué te ha ocurrido?

María le contó acerca del sombrero que su madre con tanto amor le había regalado y que lo había perdido para siempre, también le contó acerca de la pobreza de su familia y de cómo se ganaba la vida para ayudar en su hogar.

La señora era una persona extraña, parecía no tener una edad definida, su voz daba la impresión de provenir de otro lugar. Era alta, delgada y llevaba puesto un sombrero muy distinto al que había perdido María.
Parada frente a ella y con una gran sonrisa, se sacó el sombrero y se lo dio a la niña.
– Toma, es tuyo, úsalo del mismo modo que usabas el que te regaló tu madre – dijo la forastera.

La niña no sabía qué decir, seguía abrazado a su violín miró a la mujer y le contestó:
– No puedo aceptarlo, Ud. no me conoce ¿por qué habría de ayudarme?
– Hay preguntas que no tienen respuesta, algún día lo entenderás – dijo la señora y dejándole el sombrero en las manos se alejó.

María tomó el sombrero y supo que era hora de dejar de llorar y trabajar por su familia.

Como todos los días fue a la plaza del pueblo elegido. Tocó como siempre y no fueron demasiadas las personas que dejaron sus monedas.

Al final del día la niña tomó el sombrero para contar el dinero y, para su sorpresa, era tres veces más de lo que él había podido calcular. Desconcertada, creyó que se trataba de un error.

Cada día ocurría lo mismo, la gente dejaba sus monedas y éstas dentro del sombrero triplicaban su valor. Nadie podía dar una explicación a lo que ocurría, pero así era.

María buscó a la misteriosa caminante para preguntarle acerca del sombrero, pero fue inútil.

En un año, fue tal la cantidad de dinero que María había ganado que pudo comprar una casita a su familia y por primera vez en sus vidas, nadie pasaba hambre, ni penurias económicas.

La niña estaba contenta, hacía lo que más amaba en el mundo y habría logrado darle a su familia un bienestar que jamás habían soñado. A menudo pensaba en su madre y en lo feliz que estaría si pudiese ver cómo vivían ahora.

Cierto era que no había logrado ser famosa, ni dar conciertos, pero la gratificación que sentía haciendo felices a los suyos, superaba cualquier cosa que hubiese podido desear.

De todas maneras, no dejaba de pensar en lo extraño del sombrero y cómo podía ocurrir lo que ocurría con las monedas que allí caían.

Una noche, regresando a su hogar, se desató una tormenta similar a la que le había hecho volar el sombrero de su madre. Para que no ocurriese lo mismo, la niña se guareció bajo el techo de una vivienda. Se sentó en el umbral a esperar que la tormenta pasara, esta vez abrazando el violín y a su nuevo sombrero.

Mientras esperaba, pensaba en su madre una vez más. Al levantar la vista y como traído por la lluvia y el vendaval, encontró a la misteriosa señora.

Sonreía de la misma manera que lo había hecho ese primer día. Sin dejar que María articulara palabra alguna, la extraña extendió la mano y entregándole las flores del sombrero de su madre, le dijo:
– Esto también es tuyo, olvidé dártelo el día que nos conocimos.

Como había llegado, se fue, sin dejar rastro alguno de su presencia, excepto las flores intactas en las manos temblorosas de la niña.

Sentada bajo la lluvia, abrazada al sombrero y al violín en su mano, recordó las palabras de su madre y recién allí entendió todo:
“Te amo con todo mi corazón y créeme, de un modo u otro, siempre estaré presente para ti”.
Y colorín colorado este cuento a acabado.



Tags: Cuentos infantiles, cuentos para niños, el sombrero mágico, historias,
Adaptado y copiado de un cuento argentino (autor desconocido)
Fuente: En cuentos.com

27 ago. 2009

Biblioteca digital mundial

Hace tiempo, me enteré a través de Babarianos de la existencia de la Biblioteca digital mundial (BDM), pero hasta hoy no me había metido en la página para ver en qué consistía.

Según lo que comentaban, se trata de una iniciativa de la UNESCO, de acceso gratuito, para mostrar y explicar en siete idiomas las joyas y reliquias culturales de todas las bibliotecas del planeta. No ofrecerá documentos corrientes, sino con valor de patrimonio, que permitirán apreciar y conocer mejor las culturas del mundo en idiomas diferentes: árabe, chino, inglés, francés, ruso, español y portugués. Pero hay documentos en línea en más de 50 idiomas.
Es la tercera biblioteca digital en importancia, después de Google Book Search y Europeana. Reunirá material universal invalorable: desde antiguos documentos de caligrafía antigua persa y china hasta los primeros mapas del Nuevo Mundo, pasando por pinturas rupestres africanas que datan de 8000 años a.C.
Entre los documentos más antiguos hay algunos códices precolombinos, gracias a la contribución de México, y los primeros mapas de América, dibujados por Diego Gutiérrez para el rey de España en 1562.
Los tesoros incluyen el Hyakumanto darani, un documento en japonés publicado en 764 y considerado el primer texto impreso de la historia; un relato de los aztecas que constituye la primera mención del niño Jesús en el Nuevo Mundo; trabajos de científicos árabes desvelando el misterio del álgebra; huesos utilizados como oráculos y estelas chinas; la Biblia de Gutenberg; antiguas fotos latinoamericanas de la Biblioteca Nacional de Brasil y la célebre Biblia del Diablo, del siglo XIII, de la Biblioteca Nacional de Suecia.
La biblioteca comienza con unos 1200 documentos, pero ha sido pensada para recibir un número ilimitado.











En lo tocante a este blog, no he encontrado nada entre los documentos en español, pero sí hay verdaderas joyas en otros idiomas:

- Cuentos de Hans C. Andersen (inglés), ilustrado por Edmund Dulac, al que pertenecen las impresionantes y modernas ilustraciones de este tema.
- El libro de poesía infantil London Town (inglés), de Felix Leigh, ilustrado por Thomas Crane y Ellen E. Houghton.
- Fábulas de Esopo (alemán).
- Fábulas de La Fontaine (francés).





















17 ago. 2009

Los cuentos del abuelo

Divertido cuento que nos recuerda la importancia de la Fe y la honestidad.
En esta ocasión, una marioneta es la que nos cuenta este cuento.