17 nov. 2008

Cuentos tradicionales que transmiten valores‏

ENTREVISTA A NICIA GRILLO, NARRADORA BRASILEÑA DE FABULAS Y LEYENDAS POPULARES


"Los cuentos tradicionales transmiten valores que estimulan la reflexión infantil"








Con su trabajo, los chicos aprenden sobre sus propias dificultades y fortalezas. También estimula una buena lecto-comprensión y la capacidad creativa.






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Alejandra Toronchik.
atoronchik@clarin.com






Nícia Grillo tiene una especialidad poco frecuente: cuenta cuentos. No es una actriz, ni una intérprete preocupada por embellecer sus narraciones. Ni elige cualquier clase de cuentos: sólo las leyendas populares transmitidas de generación en generación, los cuentos folclóricos de cualquier país, las fábulas y leyendas son, para ella, una precisa herramienta. Un trabajo para estimular en los chicos aspectos que cualquier maestro desearía en su clase: una buena lecto-comprensión, la capacidad de reflexión y expresión y la creatividad.

De paso por Buenos Aires, donde ofreció una charla junto con otros educadores, la brasilera Nícia de Queiroz Grillo contó a Clarín cómo funciona la escuela que ella misma creó en los años 80: la Escuela de Arte Granada.

Enclavada en la localidad de San Pedro, cerca de Río de Janeiro, allí se trabaja "con narraciones tradicionales, porque ellas guardan la memoria viva de cada pueblo. En ellas hay una cantidad de sabiduría acumulada a través de los siglos. Dentro de las narraciones originales circulan valores, modelos, información. Eso sí: usamos sólo las versiones tradicionales —advierte—. Porque las otras, las modernizadas, transmiten información adulterada".

Un ejemplo es el cuento de Cenicienta (que tiene más de 500 versiones alrededor del mundo), y que para Occidente termina cuando La Chica se casa con El Príncipe. "¡Muy consumista! Te enseña que si ya conseguiste un príncipe no te hace falta crecer, ni aprender, ni mejorar, ni hacer nada. ¡Pero las verdaderas historias no terminan ahí! La heroína o el héroe tienen que enfrentar muchísimas dificultades, volverse fuertes, enfrentar a personajes malos (que reflejan cosas que todos llevamos dentro). Y aprender, para recién entonces poder compartir la vida con un príncipe o una princesa verdaderos. Si no aprendió, si es ignorante o caprichoso, ¿qué puede hacerse con una pareja así?".

Para trabajar el precioso contenido de estos cuentos, Grillo fue impactada en los 70 por el concepto de educación por el arte, delineado por Herbert Read. Y que usa el texto, la música, la pintura, la expresión corporal, el teatro, los juegos, porque el ejercicio de estas disciplinas mejora la capacidad cognitiva de las personas.

"Para poder montar una obrita de teatro, para pintar o entonar, uno necesita desarrollar la observación, conocer sus cinco sentidos, usar su percepción, concentrarse, imaginar o reflexionar. Necesita ensayar, experimentar, descubrir, repetir: y esos son justamente los pasos de cualquier aprendizaje (ver Cómo trabajar con...)", explica.

Con unos 30 chicos de 3 a 7 años que pasan cada temporada por la escuela, profesores que han sido capacitados en estas técnicas y hasta adolescentes con quienes trabaja, específicamente, en la prevención de adicciones, Grillo consigue uno de sus objetivos centrales: "que los niños sientan pasión por aprender, que quieran saber siempre más".

Una manera de constatar el buen funcionamiento de esta tarea llega cuando los mismos chicos incluyen parte de los personajes o reflexiones de los cuentos en sus propios juegos.

"¡Se identifican con los personajes y hay que ver cómo discuten y opinan! —ríe Grillo—. Pero al reflexionar así sobre el cuento, aprenden a reflexionar sobre sí mismos. O adquieren ideas sobre cómo cambiar cosas en su vida: porque las historias muestran líneas de superación, solución de problemas, algunos recursos, ejemplos sobre amistad, solidaridad, saber elegir o entender el tiempo y el lugar adecuado para las cosas.

Los ejemplos son miles: "por ejemplo, los relatos bíblicos: cuando un niño tiene miedo ante algo que es muy grande, y se acuerda de David y el Gigante Goliath, sabe que una vez hubo un chico que tuvo fuerza, coraje y utilizó sus propios medios para superar las dificultades. Daniel en la Cueva de los leones, es un niño que no tuvo vergüenza de su propia opinión en una época en que estaba prohibido pensar como él. Al narrárselas, los vamos llenando de esos términos de referencia, que usarán cuando los necesiten: ¡es como tener plata en el banco!— concluye—. Y los apoyamos no para que se conviertan necesariamente en artistas, sino en personas que sepan mirar, respetar la naturaleza, reconocer la belleza, tocar a otro con habilidad, o conversar. Artistas no de una disciplina sino de su propia vida".






Fundación Dexeus. España
Fundación Santiago Dexeus Font Ciencia, Docencia y Labor Social
www.fundaciondexeus.org
fuente: http://www.clarin.com/diario/2006/01/15/sociedad/s-04615.htm

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